Frases de Fidel

Frases de Fidel......Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices ¡y que hayamos hecho una Revolución socialista en las propias narices de Estados Unidos.......El Partido es hoy el alma de la Revolución......Ser internacionalista es saldar nuestra propia deuda con la humanidad......Nunca nos dejaremos arrastrar por la vanidad y por la ambición, porque –como dijo nuestro Apóstol– “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz......Una revolución solo puede ser hija de la cultura y de las ideas......Pronto seré ya como todos los demás. A todos nos llegará nuestro turno, pero quedarán las ideas de los comunistas cubanos
Frases de José Martí.....La gratitud, como ciertas flores, no se da en la altura y mejor reverdece en la tierra buena de los humildes......Ayudar al que lo necesita no sólo es parte del deber, sino de la felicidad.....Buscamos la solidaridad no como un fin sino como un medio encaminado a lograr que nuestra América cumpla su misión universal.....Las verdades elementales caben en el ala de un colibrí.....El único autógrafo digno de un hombre es el que deja escrito con sus obras.....La palabra no es para encubrir la verdad, sino para decirla.....

martes, 13 de noviembre de 2018

John Bolton: Un guerrerista vulgar y mentiroso


Por Miguel Angel García Alzugaray
Joseph Goebbels, Ministro de la Alemania nazi para la Ilustración Pública y Propaganda, afirmaba que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad.
De conformidad con esta tenebrosa filosofía, Adolfo Hitler llegó a decir antes de provocar la Segunda Guerra Mundial: “Proporcionaré un casus belli propagandístico. Su credibilidad no importa. El vencedor no será cuestionado por si dijo la verdad”.

Al parecer John Bolton, Asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump, tiene por inspiradores de sus retorcidas ideas, a estos repudiados nazis.
Mientras el Gobierno de Trump anunciaba en Miami, a través de John Bolton, su desvergonzado Asesor de Seguridad Nacional que se dispone a endurecer su política contra Cuba, la Asamblea General de la ONU aprobó el pasado jueves por vigésimo séptima vez una resolución que exige poner fin al genocida bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por EE.UU. contra el país caribeño hace casi 60 años.
Un total de 189 Estados miembros de Naciones Unidas votaron a favor de la resolución, en tanto EE.UU. e Israel se posicionaron en contra, manteniendo una desacreditada política de enfrentamiento con el resto de la humanidad, que los lleva de fracaso en fracaso.
Este año, el ridículo de la Casa Blanca y en particular de su prepotente embajadora Nikki Haley  cobró dimensiones olímpicas, al cosechar de forma consecutiva 10 votaciones en su contra, al empeñarse en sabotear la sesión de la Asamblea General de la ONU, presentando 8 proyectos de enmiendas al texto de la Resolución cubana de condena al bloqueo, que fueron rechazados sistemáticamente  por una abrumadora  mayoría de las naciones presentes. Estados Unidos quedó una vez más aislado de la comunidad internacional en su política de agresión contra Cuba.
En evidente estado de desesperación, Haley lanzó en la red social Twitter una andanada de amenazas contra la ONU para que cambiaran su postura de rechazo al bloqueo.
En consonancia con esta política de agresión y chantaje del gobierno norteamericano, durante su discurso en Miami, Bolton subrayó que la Casa Blanca no tolera a los “dictadores y déspotas” en América Latina y tachó a Venezuela, Cuba y Nicaragua de ser la “troika de la tiranía” que genera inestabilidad regional y causa sufrimiento humano.
El asesor nacional del presidente Trump habló ante una audiencia de invitados con presencia de corruptos congresistas anticubanos como Ileana Ros-Lehtinen (la “loba feroz”), que fue quien hizo la presentación de Bolton, Mario Díaz-Balart y Carlos Curbelo.
Molesto contra todo aquél que no se pliegue a sus histéricas órdenes imperiales, Trump busca desde el inicio de su mandato un cambio de régimen en países latinoamericanos que no son sus títeres”
Tras arremeter contra los gobiernos de Nicolás Maduro, Miguel Díaz-Canel y Daniel Ortega, Bolton alabó al nuevo mandatario de Colombia, Iván Duque, y al presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, “con ideas afines”, y agregó que EE.UU. colaborará también con los líderes de México, Argentina y otros países latinoamericanos con el fin de fortalecer la seguridad e impulsar el desarrollo económico en la región.
Según Reuters el reaccionario asesor de Seguridad Nacional ha aseverado que EE.UU. también ampliará las sanciones contra Cuba, y “en cuestión de días” el Departamento de Estado añadirá más de 20 entidades cubanas en la lista de organizaciones asociadas con los militares y servicios de la inteligencia del país.
A las empresas e individuos de EE.UU. les quedará prohibido cualquier negocio con las compañías en cuestión.
La cancillería cubana rechazó las declaraciones contra Cuba, Venezuela y Nicaragua emitidas por John Bolton, asesor de Seguridad Nacional del presidente estadounidense Donald Trump.
“Cuba rechaza enérgicamente el lenguaje utilizado por el señor Bolton, la vulgaridad empleada en su pronunciamiento, los adjetivos irrespetuosos utilizados contra nuestro presidente y contra los líderes latinoamericanos”, declaró a la prensa Carlos Fernández de Cossío, director general para Estados Unidos del Ministerio cubano de Relaciones Exteriores.
Según Fernández de Cossío, las acciones de EEUU buscan agudizar los efectos del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba desde hace casi 60 años, y frenar el avance de la isla hacia “una sociedad socialista próspera, democrática y sostenible”.
¿Quién es John Bolton?
Nacido en Baltimore (Maryland) en 1948, Bolton se doctoró en Derecho por la Universidad de Yale en 1974 y se alistó en la Guardia Nacional, pero no fue a la guerra de Vietnam.
Sus críticos lo consideran un político mediocre y un oportunista cobarde, entrenado por la CIA para provocar con sus falsas acusaciones conflictos internacionales, en los que por supuesto nunca se arriesga a participar.
Su proverbial vulgaridad y falta de escrúpulos lo convierten en un instrumento ideal del Imperialismo yanqui para impulsar sus maquiavélicos planes contra todo aquél que se leoponga. Para este fin, calumnia, miente y promueve las más repugnantes intrigas pasando sin vacilar por encima de los más elementales principios éticos y morales.
Así por ejemplo, fue protagonista en el 2002 de una larga disputa con las agencias de inteligencia estadounidenses por su descabellada acusación pública de que Cuba contaba con un programa de armas biológicas para atacar a los EE.UU, tratando con este malévolo infundio de crear condiciones para una intervención armada contra nuestro país.
Casado y con una hija, ocupó un alto cargo en el Departamento de Justicia bajo el Gobierno de Ronald Reagan y en el Departamento de Estado durante la gestión de George H. W. Bush, y pasó por los centros conservadores Instituto Manhattan y American Enterprise Institute.
Durante la segunda presidencia de George W. Bush fue embajador de Estados Unidos ante la ONU hasta 2006, y fue uno de los promotores de la invasión de Irak en 2003.
En una de sus primeras declaraciones durante la gestión del magnate republicano llamó a declarar la guerra a los regímenes de Corea del Norte e Irán.
Promotor de la invasión de Irak gracias a sus mentiras e intrigas sobre la existencia en ese país de armas de destrucción masiva que nunca fueron encontradas, Bolton fue embajador norteamericano ante la ONU por apenas 14 meses. En 2006 tuvo que abandonar el cargo después de que el Senado rechazara su confirmación en el puesto.
La oposición demócrata bloqueó su nominación debido a su supuesta intimidación de subordinados durante su paso por el Departamento de Estado, y a sus presuntos intentos de ignorar o suprimir información de inteligencia con la que no estaba de acuerdo.
Pero el ex diplomático, con el apoyo del poderoso lobby judío que rige entre bambalinas los destinos de los Estados Unidos, logró ponerse por fin al frente del Consejo de Seguridad Nacional, el órgano de la Casa Blanca encargado de centralizar la política exterior y de seguridad de EE.UU. y asesorar al presidente al respecto.
Detrás de su característico bigote se encuentra un ideólogo ultraconservador, un vehemente defensor del “interés nacional” de Estados Unidos que ve con recelo los tratados multilaterales y la ley internacional.
Según Bolton, al referirse a Corea del Norte expresó: “Es perfectamente legítimo que Estados Unidos ataque primero para responder a la ‘necesidad’ (de defensa propia).
En 2015, Bolton utilizó un argumento similar sobre Irán, al escribir en The New York Times que “solo una acción militar” podía evitar que los iraníes obtuvieran un arma atómica.
Sobre el acuerdo nuclear con ese país muy criticado por Trump, el ultra reaccionario asesor de Seguridad Nacional ha dicho que “no tiene sentido” que sea salvado.
El asesor de Trump es también un conocido crítico de la Corte Penal Internacional y de las Naciones Unidas.
Al respecto debemos recordar que en 2001, Bolton se convirtió en subsecretario de Estado para el control de armas. Según un análisis de documentos oficiales que hizo en 2008 John Prados, de la Universidad George Washington, Bolton abrazó la teoría del “eje del mal” sobre Corea del Norte, Irán e Irak, y presionó al Departamento de Estado y la CIA para despedir a quienes no validaran las acusaciones más radicales contra esos países.
Aunque muchos le tachan de neoconservador, Bolton se describe como un “libertario” que prefiere “la libertad sobre la democracia” y que, finalmente, ha logrado esquivar el escrutinio del Senado -que no es necesario para ser asesor de seguridad nacional- y situarse justo a la derecha del presidente.
Currículo de un provocador guerrerista
Da la impresión que para pertenecer al equipo de gobierno de Donald Trunp, mientras más negativo y reaccionario es el historial del candidato para un cargo, tiene más probabilidades de ser designado. Con su tenebroso currículo, Bolton llenó por supuesto todas las expectativas del inquilino de la Casa Blanca.
Queda claro que Trump está organizando un Gabinete de Guerra. Bolton es un desquiciado defensor de la Tercera Guerra Mundial y ha pedido explícitamente que se bombardeara a Irán durante los últimos diez años. Representa ahora mismo la mayor amenaza para la seguridad mundial.
El cargo de asesor de seguridad nacional puede resultar de nombre inocuo, pero su influencia es formidable. Instalado en la oficina contigua a la del presidente, participa en todas la reuniones del Consejo de Seguridad Nacional y habitualmente preside las juntas del mismo con el secretario de Estado y el secretario de Defensa. El asesor coordina, revisa y presenta la información que recibe el presidente regularmente sobre asuntos de investigación y los informes que recibe el comandante en jefe del aparato militar del Estado. En momentos de crisis, el asesor opera desde la ‘situation room’, informando puntualmente al presidente y consultando con él las decisiones clave.
Tras la estela de Colin Powell
El puesto sirve, además, para hacer cantera: allí realizó sus pinitos en el Ejecutivo el condecoradísimo general Colin Powell, que mintió como nadie a las Naciones Unidas (cuando Bolton era embajador en dicha institución) sobre la presencia de armas químicas en Iraq, y tuvo además la delicadeza de mandar retirar antes la reproducción del Guernica de Picasso del salón donde pronunció su discurso, no se fuera a decir… O qué decir de Henry Kissinger, ilustre criminal de guerra, que se estrenó como asesor de seguridad nacional antes de completar sus mejores jugadas en los campos de Vietnam, Chile o Timor Oriental y recibir luego el premio nobel de la Paz. ¿Qué destino prepararán los dioses del complejo militar-industrial del Imperio para John Bolton después de haberle permitido colgar tan pingüe trofeo en su vitrina?
Como en tantas cosas, Bolton fue un pionero promotor de la guerra de Iraq, y sigue siendo un recalcitrante en la justificación de la misma. Desde el siglo pasado Bolton pedía –demandaba– el derrocamiento de Saddam sin que mediara el casus belli del 11-S. Ya en 1998, tres años antes del regalo que supuso para los ‘neofascistas de Washington’ y su visión de la guerra contra el terrorismo como un elemento purificador de la sociedad estadounidense, el entonces analista del think tank conservador y procorporativo American Enterprise Institute firmó una carta que exigía a Bill Clinton que “sacara a Saddam Hussein y su régimen del poder”, lo que “requerirá un compendio de impulsos diplomáticos, políticos y militares”. Por si quedaba alguna duda, Bolton concedió una entrevista a The Washington Post, en la que reiteró que “sacar a Saddam del poder es la única alternativa”.
Casi un lustro después, ya con las Torres Gemelas hechas escombros y en plena campaña de venta de la guerra, Bolton demostró su intrépido espíritu para emprender guerras en las que luchan otros. (Ya lo había hecho con Vietnam, escribiendo en 1966, cuando era estudiante, un artículo de opinión para el periódico de la Universidad de Yale, que tituló “No a la Paz en Vietnam”, para luego eludir la llamada a filas, hazaña esta última que tuvo que justificar veinticinco años después diciendo que “daba por perdida la guerra”.
Fabricando una sangrienta mentira
Bolton, para entonces subsecretario de Estado, se enteró de que la Organización Para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ) preparaba una inspección sobre el terreno en Iraq para determinar si Saddam tenía –en efecto— armas de destrucción masiva. Bolton (como algún que otro camarada bigotudo) había repetido hasta la saciedad que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva. Sólo un mes antes, lo había dicho en una entrevista televisiva y en sede parlamentaria, donde añadió: “Me gustaría ver el cambio de régimen en Iraq. Me da igual que Saddam Hussein apruebe una ley que haga ilegal el uso de armas biológicas… Quiero ver el cambio de régimen”, insistía Bolton, ensayando su mantra eufemístico favorito.
Sabedor de que la inspección de la OPAQ podría descubrir el pastel de las mentiras que a la postre conducirían a la guerra, Bolton entró como un resorte, mostacho mediante, en la oficina del entonces director general de la OPAQ, José Bustani. “Tienes 24 horas para dimitir”, espetó al diplomático brasileño, que acababa de ser reelegido para el cargo. “Si no lo haces, tendrás que atenerte a las consecuencias”. Bustani se negó a dimitir. Lo echaron a las pocas semanas. Una década después, la OPAQ, como Kissinger, ganó el Premio Nobel de la Paz. Bolton, por su parte, quizá decidido a opositar para uno, se muestra obstinado sobre la justificación de la guerra, e impenetrable ante la abrumadora evidencia de su fracaso: En 2009, declaraba en televisión que: “Derrocar a Saddam Hussein fue la decisión adecuada”. Hace unas semanas, presionado por un entrevistador acerca de las consecuencias geopolíticas de la guerra, respondía desafiante: “El derrocamiento de Saddam Hussein, esa acción militar, fue un éxito rotundo… La caída de Saddam no hizo más fuerte a Irán. Lo que hizo más fuerte a Irán, en último término, fue la retirada de las fuerzas estadounidenses en 2011”.
En agradecimiento por los servicios prestados, Bolton, que ya había trabajado para Reagan y Bush padre, recibió del hijo una segunda encomienda. “Vengo de parte del equipo de Bush-Cheney”, había dicho a los encargados de un colegio electoral de Florida en noviembre de 2000. “Vengo a parar el recuento”. Si aquello le valió para aterrizar en el puesto de subsecretario de Estado para el control de armamento y pasarse, según alardeó él mismo, “seis años intentando borrar la parte del ‘control de armamento’ del cargo”.
Enemigo y detractor de la ONU
La férrea defensa de la guerra preventiva contra Saddam (en los despachos de La Haya y ante las cámaras de televisión), dio con sus huesos en las Naciones Unidas.
Bolton debió alegrarse casi tanto como cuando lo llamaron a filas durante la guerra de Vietnam. Aquí lo tienen, en sus propias palabras, definiendo la importancia de la institución, sin torcer el mostacho:
Las Naciones Unidas no existen. Existe una comunidad internacional que de vez en cuando puede liderar el único poder real que queda en el mundo, que son los Estados Unidos
Jimmy Carter expresidente de EE.UU critica la designación de Bolton
El expresidente estadounidense Jimmy Carter criticó, en sendas entrevistas con importantes medios de su país, la decisión del presidente Donald Trump de designar a John Bolton como su Consejero de Seguridad Nacional.
En una entrevista exclusiva con USA TODAY, del 26 de marzo, vinculada a la publicación de su nuevo libro, Carter llama a Bolton “una figura guerrera” que respalda políticas que el ex presidente califica de catastróficas.
“Tal vez uno de los peores errores que ha cometido el presidente Trump desde que asumió el cargo es su empleo de John Bolton, que ha estado abogando por una guerra con Corea del Norte durante mucho tiempo e incluso un ataque contra Irán, y que ha sido uno de las figuras principales en la orquestación de la decisión de invadir Iraq “, dijo Carter. Llamó a la decisión como “un desastre para nuestro país”.
La confusión y movimientos sin precedentes del personal en la administración Trump han levantado banderas rojas para Carter, quien particularmente lamentó el despido  de H.R. McMaster como asesor de seguridad nacional.
“Estoy preocupado por los movimientos deliberados de Trump para llegar a las posiciones claves del gobierno, solo personas que están de acuerdo con él”, dijo Carter. “El acceso a diferentes opiniones antes de tomar una decisión final es muy valioso, y en los últimos días creo que la elección del presidente Trump de consejeros cercanos, asesores poderosos, han llegado a la unanimidad en lugar de a la diversidad”.
Mientras, en una entrevista con la cadena televisiva CBS, Jimmy Carter volvió a cuestionar la decisión del presidente Donald Trump de contratar a John Bolton como su asesor de seguridad nacional.
“Me han preocupado algunas de las cosas que ha decidido”, dijo el ex presidente de 93 años al presentador de “CBS This Morning” Norah O’Donnell. “Creo que su última opción para el asesor de seguridad nacional fue desacertada. Creo que John Bolton ha sido el peor error que ha cometido “.
Tal es el siniestro personaje que rodeado de la peor fauna contrarrevolucionaria y fascista de Miami, acaba de despotricar contra Cuba, Venezuela y Nicaragua. Estará soñando Bolton con urdir contra nosotros una de sus repugnantes intrigas?
Sería bueno que este aventajado alúmno del nazi Goebbels, se leyese el reciente discurso ante la Asamblea General de la ONU, del ministro de Asuntos Exteriores cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, en el que además de acusar a Washington de los “dobles raseros “que caracterizan su política, y de establecer “dictaduras militares”, organizando “sangrientos golpes de Estado” y provocando “millones de muertes” en todo el mundo, expresó que:
“Al demonizar y convertir en enemigos, mediante la propaganda, a oponentes políticos, instituciones, grupos sociales y naciones, se alimentan y enraízan la división, la violencia, los crímenes de odio y las guerras”.
“El gobierno estadounidense interviene sin escrúpulos en los procesos electorales y en los asuntos internos de la mayoría de los estados del planeta.
Trata de derrocar por la fuerza al gobierno legítimo de la República Bolivariana de Venezuela, utiliza contra ella una brutal campaña de difamación y la amenaza militar, mientras llama a la violencia y al golpe de Estado.
Interviene y trata de desestabilizar a la República de Nicaragua.
Realiza actos de injerencia en los asuntos internos del Estado Plurinacional de Bolivia.
Pretende ejercer dominación imperial en “Nuestra América” e invoca nuevamente la vetusta, agresiva y peligrosa Doctrina Monroe y la “diplomacia de las cañoneras”. Redespliega su IV Flota y aumenta la cantidad y el poderío de sus bases militares en la región”.
Desde la ocupación militar de Cuba, en 1898, por parte de Estados Unidos, para impedir nuestra independencia, ya ganada en prolongada epopeya, ha sido esta una relación marcada por el empeño de los gobiernos estadounidenses en controlar el destino de Cuba, frente a la inquebrantable determinación de los cubanos de defender su independencia y libre determinación.
Hoy, Cuba es una nación absolutamente independiente, dueña de su destino, que desarrolla relaciones de respeto y disfruta de vínculos de amistad y cooperación con todos los países del mundo. Es una conquista alcanzada con el sacrificio de varias generaciones, que defenderemos al precio que sea necesario.
Debo denunciar que la escalada de pronunciamientos, actos y amenazas del gobierno de Estados Unidos contra Cuba no tiene otro objetivo que conducir a un clima de mayor tensión bilateral y que, en esa trama, son cada vez más visibles los personajes que cuentan con una larga historia de confabulación para provocar crisis bilaterales.
Como expresó en este mismo podio, el pasado 26 de septiembre, el presidente Miguel Díaz-Canel, cito: “Cuba siempre estará dispuesta a dialogar y a cooperar desde el respeto y el trato entre iguales. Nunca realizaremos concesiones que afecten la soberanía e independencia nacional, no negociaremos nuestros principios, ni aceptaremos condicionamientos”.
Las cubanas y cubanos de todas las generaciones guardaremos invariable lealtad al ejemplo de José Martí para proclamar con igual convicción: “Antes que cejar en el empeño de hacer libre y próspera a la patria, primero se unirá el mar del sur al mar del norte y nacerá una serpiente de un huevo de águila”.

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