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jueves, 29 de diciembre de 2016

#TenemosMemoria Camilo:Che: se rindió Yaguajay



El 31 de diciembre de 1958 a las 6 y 30 de la tarde el Comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán firmó quizá el informe más breve y emocionado de su brillante carrera militar: «Che: se rindió Yaguajay —escribió de su puño y letra el Señor de la Vanguardia—, estoy contando las armas, son más de 350 fusiles, 3 trípodes, 1 mortero 81, una bazooka y equipo, te veo mañana, Camilo».

Detrás de aquel papelito, que afortunadamente la historia logró poner a salvo, se ocultaban diez días de combate en los que las fuerzas revolucionarias vivieron situaciones límites, sobre todo por la impotencia de no poder acceder al cuartel, el Escuadrón 31 de la Guardia Rural, instalación ubicada en medio de una extensa llanura en las afueras del pueblo, previamente fortificada con alambradas y otros sistemas y defendida por unos 350 hombres bien armados y con el apoyo de la aviación.
El avance de las fuerzas rebeldes en la zona era imperturbable: antes de lanzarse sobre Yaguajay, el llamado Frente Norte de Las Villas, integrado por la Columna No. 2 Antonio Maceo y los destacamentos Máximo Gómez (Partido Socialista Popular) y Marcelo Salado (Movimiento 26 de Julio) había tomado Venegas, Iguará, Meneses, Mayajigua, Zulueta, Jarahueca y General Carrillo y, de manera cooperada con la Columna No. 8 Ciro Redondo,  Caibarién, Camajuaní y Placetas.
Desde el día 21 de diciembre, Camilo ordena estrechar el cerco sobre Yaguajay; el 22 sus hombres ocupan los centrales Narcisa y Vitoria y seguidamente comienzan el hostigamiento de las posiciones enemigas dentro del pueblo —la jefatura de la Policía, el Hotel Plaza, el Gran Hotel y la Sociedad Colonia Española—, las cuales a la postre resultan desalojadas el 24 con cerca de una veintena de bajas entre muertos, heridos y prisioneros.
Yaguajay ya estaba en manos rebeldes, pero en su periferia esperaba un cuartel amurallado y dos realidades muy diferentes: la de los asaltantes, dueños de la iniciativa, pero imposibilitados de acceder a la fortaleza, y la de los sitiados, bien armados pero con pocas opciones de victoria a la espera de un refuerzo que definitivamente nunca llegó.
LAS NOCHES DEL DRAGÓN
Convencidos de lo difícil que resultaba rendir el cuartel por las vías tradicionales, Camilo y los suyos enseguida buscaron variantes para incendiarlo, primero con el empleo de dos locomotoras y carros ferroviarios con cargas explosivas y después mediante un blindado criollo que los revolucionarios denominaron Dragón I.
El artefacto, que todavía se conserva en el Museo de la Revolución, fue construido por los trabajadores del antiguo central Narcisa, a partir de un buldócer reforzado con planchas metálicas y sacos de arena, cuya resistencia fue validada por los disparos del propio Camilo, quien no quería arriesgar la vida de ninguno de sus combatientes.
Pintado de rojo y dotado de lanzallamas, el Dragón I realizó incursiones sucesivas hasta los predios del cuartel desde la noche del 25 de diciembre y si bien su propósito inicial de incendiar la fortaleza no pudo consumarse, protagonistas y estudiosos de la batalla concuerdan en que la iniciativa contribuyó sicológicamente a desmoralizar todavía más la tropa cercada.
Vecinos de Yaguajay y de las comunidades más cercanas recuerdan que el Dragón aparecía  como un fantasma por las madrugadas, se acercaba considerablemente hasta las inmediaciones del cuartel y atraía sobre sí todo el fuego del enemigo, que en una ocasión estuvo a punto de inutilizar el blindado con sus tripulantes a bordo.
«Esa noche —contó en Yaguajay Miguelito Sotolongo, uno de los hombres del Dragón— mientras Tétiro (Ernesto Guevara, el conductor) luchaba para que no se apagara el motor, sentimos unas voces por detrás, pensamos que podían ser los guardias y resultó que era el propio Camilo que, arriesgando su vida, llegó hasta nosotros en medio de la oscuridad y bajo aquella balacera infernal».
UNA PLAZA CON LAS HORAS CONTADAS
Estudiosos de la batalla como Osiris Quintero y Gerónimo Besánguiz, este último director del Complejo Histórico Comandante Camilo Cienfuegos, coinciden en que más que la propia seguridad de la fortaleza, lo que en realidad prolongó la toma de Yaguajay, a la postre la batalla más larga de la campaña de Las Villas, fue la resistencia obstinada que opuso el capitán Alfredo Abon Lee, que había asumido el mando de las fuerzas de la dictadura tras la retirada del mayor Roger Rojas Lavernia, aquejado de una hernia estrangulada.
Con la enfermería colapsada por el número de heridos, la falta de alimentos y agua potable y sobre todo el creciente desánimo entre la soldadesca, era muy poco probable la victoria, pero aun así al parecer Abon Lee, tenaz perseguidor de las columnas rebeldes desde la propia Sierra Maestra, seguía apostando a los refuerzos o a la Divina Providencia.
En varias treguas pactadas, Camilo hace saber a su adversario que la opción más razonable era deponer las armas para evitar mayores pérdidas de vidas, una posibilidad que solo comenzó a barajarse en la jornada del 31 de diciembre, cuando El Chino, como también se le conocía al militar batistiano, solicita un nuevo alto al fuego para retirar los muertos y los heridos de la instalación y Camilo responde que no aceptaba otra propuesta que la rendición incondicional.
La llegada de un mortero enviado por el Che para reforzar la capacidad ofensiva de los asaltantes y la aparición de  focos de sedición en el interior del cuartel aconsejan al militar, quien por fin en horas de la tarde acepta deponer las armas y dar por perdida la plaza que había defendido caprichosamente durante diez días.



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