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lunes, 10 de octubre de 2016

La calumnia: ¿Peor que otras formas de terrorismo?


Alejandro Sanz, uno de esos artistas que olfatearon que atacar a Hugo Chávez daba rédito y abultaba la fama

También en la familia del terrorismo mediático, sus consecuencias son generalmente a largo plazo y más destructiva. 

Ahora conocemos efectivamente que parte de la información mediática que coadyuvó a la victoria del NO en el plebiscito por la paz en Colombia fue manipulada para tergiversar importantes puntos de los acuerdos suscritos en La Habana por el gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP).



Confieso que siempre dudé de la realización de un plebiscito honesto al efecto, conociendo que miles de habitantes alejados de los escenarios de guerra son fácilmente manejables por avezados canales en la desinformación, además de que, como ya ha sucedido otras veces, en un cambio de táctica, el Imperio maneja encuestas en las que prima el optimismo, para que se “baje la guardia”.

Y así fue, como ha pasado recientemente en Argentina y Bolivia, aprovechando los vaivenes de una izquierda que no acaba de unirse en el primer caso, y fabricando mentiras acerca de los peligros de una permanencia de Evo Morales en la presidencia en el otro aspecto.

Quizás lo más doloroso ocurrió en las elecciones legislativas venezolanas, en las cuales el enemigo logró conseguir la mayoría parlamentaria, trabajando para desacreditar las bases del chavismo y provocar un voto de castigo de una población aún no preparada ideológicamente y vulnerable a la guerra económica manejada por los enemigos de la Revolución Bolivariana.

Esto, como usted  seguro conoce, entra en la esfera del terrorismo mediático, que se vuelve peligroso cuando está protagonizado, como apunta el colega Habana Radio, por “connotados hombres de izquierda de antes”, quienes “están ahora en el campo de sus antiguos enemigos, como si dijéramos que los torturados aparecen al lado de los torturadores…”.

Ahora le acaban de otorgar al presidente colombiano, Juan Manuel Santos, el Premio Nobel de la Paz, que tiene como sede a Noruega, uno de los países garantes, junto a Cuba, del acuerdo de paz entre el gobierno y las FARC-EP.
Pudiera uno pensar que esto se debía haber otorgado también a la organización guerrillera, pero, admitamos que fue un espaldarazo a un esfuerzo que puede todavía rendir sus frutos, no obstante el triunfo del No, además de que ha sido un reconocimiento a un mandatario que supo dar un paso al frente y destacó honestamente que el pueblo colombiano era el verdadero merecedor del galardón.

En otros casos, en muchos, tal honestidad no ha primado, porque ha entrado en juego ese otro familiar del terrorismo mediático que es el amarillismo. El escritor peruano Mario Vargas Llosa le debe más a su Premio Nobel a los calumniosos ataques que lanzó periódicamente contra Hugo Chávez y la izquierda latinoamericana, que a su meritoria obra literaria. Desde que se lo otorgaron a Henry Kissinger hasta su concesión a Barack Obama ese galardón se politizó y convirtió en un instrumento de la derecha internacional.

La prensa sensacionalista y amarilla ha llevado al terrorismo mediático sus más suaves efluvios en el veleidoso mundo de la farándula, como pasó hace poco con la célebre y buena cantante Shakira,  quien se dejó convencer para pedir indulgencia por el pueblo venezolano, en medio de los feroces ataques al gobierno de Nicolás Maduro.

Pero lo de Shakira pasó pronto, y es porque se recuerdan antecedentes desvergonzantes en la época en que muchos artistas olfatearon que atacar a Hugo Chávez daba rédito y abultaba la fama.

Juanes, de Colombia, quien aquí en Cuba encabezó exitosamente un concierto por la paz, tuvo en aquella época actitud oportunista que, al parecer, fue dejada atrás. Más aprovechado y descarado fue su colega español Alejandro Sanz, quien en cada concierto que dio por el orbe se presentaba con un publicitario letrero soez e insultante contra Chávez. Como era una cuestión de moda, el asunto no fue desapercibido por Ricardo Montaner, quien, en el ocaso de su carrera, quiso aprovechar el enfermizo antichavismo.

Muchos pueden pensar que estas cuestiones no están salpicadas con la sangre de víctimas nocentes como sí ocurre con el otro terrorismo, pero no todo es así. Un ejemplo: a las pocas horas del bombardeo realizado por un avión de guerra norteamericano, basado en Colombia, contra un campamento en territorio ecuatoriano, matando a todos los guerrilleros colombianos heridos y estudiantes mexicanos allí presentes, muy cerca se ofrecía un concierto de Juanes, Bosé, Juan Luis Guerra, y otros, sin que nadie mencionara el sangriento suceso.

Recordemos como la calumnia fue empleada para provocar la intervención de Estados Unidos contra España y cercenar la independencia de Cuba,  pero esto es un tema que requiere de más espacio y mayor análisis.
Tomado de CubaSí 

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