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martes, 13 de enero de 2015

Los cubanos nacieron para estar en permanente combate




Por: Patricio Montesinos

Una vez en Madrid escuché a una cubana expresar con firmeza que el pueblo de esa pequeña nación latinoamericana, pero inmensa en luchas, solidaridad e historia, nació para estar en permanente combate, y así lo ha demostrado a lo largo de muchos años, desde el inicio de sus gestas de independencia y durante sus 56 años de Revolución. 

Recordó una frase del General del Ejército Libertador cubano, Máximo Gómez, de origen dominicano, en la cual subrayó: “el día que no haya combate será un día perdido o mal empleado”. 

La mayor de las Antillas está llena, desde el Cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisí, de expresiones patrióticas como esa, pronunciadas  por sus próceres de la independencia y líderes de la Revolución iniciada en1959, las cuales han sido eficaces armas verbales y de pensamiento en defensa ante el otrora colonialismo español, y las constantes agresiones de su vecino del Norte.

Quien visite Cuba puede percatarse muy fácilmente de lo arraigado que está entre sus habitantes el sentimiento de lucha por defender su soberanía, sobreponerse a cualquier contratiempo, y salir triunfante en todos los casos, lo cual es motivo de un marcado orgullo nacional, heredado de generación en generación.  
Ser críticos, pero al mismo tiempo sonreír frente a las dificultades son otras de las características de los ciudadanos de la Isla caribeña, que los han hecho conquistar una y otra victoria contra el bloqueo de Estados Unidos, invasiones, acciones terroristas y guerras mediáticas de todo tipo. 
Cuba tiene hoy ante sí varios retos importantes: derribar definitivamente el cerco económico  que aún le impone  Washington, conseguir que su economía alcance el mismo prestigio internacional logrado en su clara y consecuente política, además de en otras esferas sociales como la salud, la educación, el deporte y la cultura. 
Un tercer desafío sin duda alguna será el proceso de normalización de las relaciones con el gobierno estadounidense, anunciado el 17 de diciembre pasado por los presidentes Raúl Castro y Barack Obama, el cual no estará exento de dificultades, y sobre todo de intentos de frústralo.

Sin materializarse, ya hay quienes han comenzado a atacar  la nueva etapa que se avecina en los vínculos entre Cuba y Estados Unidos, dos países muy cercanos geográficamente que necesariamente tendrán que vivir en paz, sin que ello quiera decir que la nación antillana ceda un ápice en los principios de su Revolución. 
Unos de buena fe ven como un peligro para los cubanos el acercamiento de Washington, alegando que el Imperio nunca tiene buenas intenciones, lo cual ha sido real a lo largo de la historia, mientras otros parásitos que han vivido del negocio de la contrarrevolución  alimentada en territorio norteamericano miran truncado su hasta ahora medio de enriquecimiento. 
Para estos últimos es un hecho que ya fueron prácticamente sepultados por  los nuevos  acontecimiento, motivo por el que sangran de rabia por la venas, como reza un refrán popular. 
Los de buenas intenciones tienen que seguir confiando en los cubanos y no olvidar nunca que ellos nacieron para estar en permanente combate.

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