Frases de José Martí.....La gratitud, como ciertas flores, no se da en la altura y mejor reverdece en la tierra buena de los humildes......Ayudar al que lo necesita no sólo es parte del deber, sino de la felicidad.....Buscamos la solidaridad no como un fin sino como un medio encaminado a lograr que nuestra América cumpla su misión universal.....Las verdades elementales caben en el ala de un colibrí.....El único autógrafo digno de un hombre es el que deja escrito con sus obras.....La palabra no es para encubrir la verdad, sino para decirla.....

lunes, 6 de mayo de 2013

Donde la Guajirita se siente renovada



La noche de luna creciente me sorprendió a la vera del camino, llegué al lugar donde nací y crecí cuando las aves ya habían callado su trino e iban a dormir.
Como siempre la casa de los abuelos me esperaba con las puertas abiertas, su espacioso portal con los sillones de madera y el florido jardín, como anuncio inequívoco de la llegada de mayo y con él la primavera.
Siempre que voy a ese lugar, verlo, tocarlo todo, sentir sus olores y colores, es como volver a vivir los años de entonces. La noche transcurrió entre sábanas blancas y con el croar de las ranas en el arroyo del frente, así caí en los brazos de Morfeo.
El amanecer me alcanzó frente a una ventana  de la cocina vieja, donde todavía se guarda el fogón de leña, un locero y hasta los taburetes de cuero y madera.
Por esa ventana, allá lejos, las azuladas montañas, con un follaje que comienza a empinarse luego de las primeras lluvias, montañas llenas de historia, por allí muy cerca tuvo el Comandante Camilo Cienfuegos su campamento en el transcurso de la invasión hacia el occidente de Cuba.
Desayuno y almuerzo con olor y sabor a los años de infancia, todo en una gran mesa de madera, que hace unos años resultaba pequeña, cuando en casa de abuelo nos reuníamos todos. Hoy por la ley de la vida ya no somos tantos. Hoy quedan allí, muy calladitos, pero arropándome los ecos de esos abuelos, de papá, de tíos y tías que me dan su bendición para seguir adelante, y me dicen: vuelve, no te pierdas.
Unas horas después del almuerzo, se emprende el camino de retorno al bullicio de de la ciudad, siempre lo hago en absoluto silencio, con el pensamiento puesto en lo vivido durante las últimas horas. Una y otra vez en mi mente las palmas, los frutales, los cafetales, el jardín con sus rosas, las paredes de madera, el tejado criollo y el cantar de las aves.
Ya aquí, sentada frente al teclado de mi PC, mis dedos nunca se resisten a escribir sobre la visita al lugar por donde llegué a este mundo. Allí, solo allí vuelvo a ser niña, adolescente y joven. De allí siempre regreso un tanto renovada para continuar defendiendo mi cielo azul, mis palmas despeinadas al Sol, y el inmenso privilegio que me da ser libre y de vivir en un país LIBRE

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