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viernes, 28 de octubre de 2011

¿Será sádica la Secretaria de Estado de Estados Unidos?

A Hillary Clinton la muerte de Gaddafi le pilló frente a las cámaras. La secretaria de Estado de Estados Unidos estaba concediendo una entrevista a la cadena CBS con su habitual compostura y frialdad, cuando de repente una de sus principales empleadas, Huma Abedin, le pasó una BlackBerry con la noticia de la captura de Gaddafi. Las cámaras pillaron su reacción, mostrando cómo a esta mujer de talante contenido se le abren los ojos y se lleva la mano a la boca, en un gesto de satisfacción.

Pero lo que de verdad ha sorprendido ha sido el comentario que inmediatamente hace a la periodista: "Vinimos, vimos y murió", aclara con inconfundible satisfacción, rodeada de cámaras. Cuesta saber en qué estaba pensando en ese momento. Se sabe que es una mujer fría, pero parece que ella misma ordenó el ataque a Gaddafi. Es una arrogancia sorprendente viniendo de la mujer que un día llamó "cowboy" al presidente George W. Bush. Y es bastante probable que nunca se haya reído tan abiertamente en público.

Por lo raro de ver un momento tan espontáneo en una mujer tan soberbiamente correcta, los videos se han hecho virales estos últimos días. No obstante, no hay que ignorar las implicaciones políticas que da a entender la ufana Clinton. Su país se involucró en el conflicto libio solo tras muchos días de templados discursos. Hizo falta que el primer ministro británico, David Cameron, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, llevaran la resolución al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para que EE.UU. apoyara abiertamente la intervención militar en Libia, así que no sería de recibo que se apropiaran de la victoria como si fuera propia.

Es cierto que Libia no le era totalmente indiferente a EE.UU.: aproximadamente 200 de sus ciudadanos murieron en el famoso atentado de Lockerbie, en 1988, una época en la que a Gaddafi se le acusaba de patrocinar terrorismo antes de pasarse, con mucho más éxito, a vender petróleo a las principales naciones del mundo. Tampoco hay que olvidar el debate sobre la conveniencia de intervenir o no en Libia en el que se sumió EE.UU. antes de que Sarkozy y Cameron movieran ficha: ¿podía intervenir una potencia occidental en la primavera árabe? Muchos de sus protagonistas querían que la revolución fuera suya propia; no convertir lo suyo en un Iraq.

Sea como fuere, es difícil imaginar a Hillary Clinton, la primera diplomática del país, yendo, viendo y matando a Gaddafi. 

Tomado de Granma 

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