Frases de Fidel

Frases de Fidel......Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices ¡y que hayamos hecho una Revolución socialista en las propias narices de Estados Unidos.......El Partido es hoy el alma de la Revolución......Ser internacionalista es saldar nuestra propia deuda con la humanidad......Nunca nos dejaremos arrastrar por la vanidad y por la ambición, porque –como dijo nuestro Apóstol– “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz......Una revolución solo puede ser hija de la cultura y de las ideas......Pronto seré ya como todos los demás. A todos nos llegará nuestro turno, pero quedarán las ideas de los comunistas cubanos
Frases de José Martí.....La gratitud, como ciertas flores, no se da en la altura y mejor reverdece en la tierra buena de los humildes......Ayudar al que lo necesita no sólo es parte del deber, sino de la felicidad.....Buscamos la solidaridad no como un fin sino como un medio encaminado a lograr que nuestra América cumpla su misión universal.....Las verdades elementales caben en el ala de un colibrí.....El único autógrafo digno de un hombre es el que deja escrito con sus obras.....La palabra no es para encubrir la verdad, sino para decirla.....

lunes, 26 de marzo de 2018

Tormenta de nieve en la OEA:El proceso de cumbres y el «sistema interamericano» de #EEUU



Los días 13 y 14 de abril se celebrará en Lima, Perú, la VIII Cumbre las Américas. Coincidentemente hace ochenta años se realizó, también en la capital peruana, la VIII Conferencia Panamericana. Fue auspiciada por el gobierno del presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt (1933-1945), que impulsaba hacia la región la política del «Buen Vecino». En correspondencia con la «Doctrina Monroe», Estados Unidos propuso una alianza defensiva de las naciones hemisféricas contra la agresión externa, ante el preludio de la Segunda Guerra Mundial.

¿Existe relación entre las Cumbres de las Américas y las Conferencias Panamericanas? ¿En qué contexto surgen el proceso de las cumbres y el «sistema interamericano» organizados por Estados Unidos? ¿Cuáles fueron sus verdaderos objetivos?
Al concluir la guerra civil en Estados Unidos (1860-1865), el país entró en una etapa de rápido desarrollo, que aceleró la transición hacia la fase imperialista a fines del siglo XIX. En el temprano ejercicio de esta proyección le dedicaron especial atención al escenario latinoamericano y caribeño, necesitados de captar mercados de capital y fuentes de materias primas. Organizaron entonces en Washington la Primera Conferencia Internacional de Estados Americanos (1889-1890) y la Conferencia Monetaria Internacional Americana (1891).
Intentaban imponer a los gobiernos de la región una Unión Aduanera y un plan tutelado de arbitraje obligatorio para todas las disputas territoriales que se presentaran entre los estados del continente, e instaurar una moneda común que les permitiera asumir la hegemonía en el comercio. A pesar de no lograrlo, crearon la Unión Internacional de Estados Americanos, cuya secretaría ejecutiva quedó en Washington. Nació así el denominado Panamericanismo.
Ese período se caracterizó por la concentración del capital estadounidense y su paso de la industria a las finanzas, fundamentos del imperialismo moderno, lo que le permitió a José Martí, luego de haber vivido en Estados Unidos y presenciar las dos reuniones, advertir sobre el fenómeno y los peligros que representaban para Nuestra América los afanes de dominación del imperialismo en ciernes:
«[…] quien dice unión económica, dice unión política […] lo primero que hace un pueblo para llegar a dominar a otro, es separarlo de los demás pueblos […] ¿Puede Estados Unidos convidar a Hispanoamérica a una unión sincera y útil para Hispanoamérica? ¿Conviene a Hispanoamérica la unión política y económica con Estados Unidos?»
Enfocados en lograr la dominación política y económica sobre los países al sur del río Bravo, Estados Unidos estimuló en las décadas siguientes la realización de las Conferencias Panamericanas. Fueron estructurando un «sistema interamericano» que respondiera a sus intereses políticos, económicos, de defensa y seguridad. Ya durante la Segunda Guerra Mundial necesitaban asegurar el control de las materias primas y los recursos naturales del continente, y convocaron a los países de la región a discutir temas relacionados con la «neutralidad, la protección de la paz y la cooperación económica».
Con ese fin comenzaron a celebrar las Reuniones de Consultas de Ministros de Relaciones Exteriores en Panamá (1939); La Habana (1940); y Río de Janeiro (1942), mecanismo que dio pie a la creación de la Junta Interamericana de Defensa (JID), que desde su creación agrupó a los oficiales de los ejércitos latinoamericanos, mucho de los cuales fueron utilizados después como instrumentos golpistas en sus países.
También se realizó la Conferencia Interamericanas para el «Mantenimiento de la Paz y la Seguridad del Continente», Río de Janeiro (1947), en la cual suscribieron el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). Los países firmantes «condenaron formalmente la guerra y se obligaron en sus relaciones internacionales a no recurrir a la amenaza ni al uso de la fuerza».
Los grupos de poder estadounidense no se conformaron con esos resultados y priorizaron la conformación de un bloque político-militar para mantener el control y dominación de la región. Durante el desarrollo de la Novena Conferencia Panamericana, celebrada en Bogotá en abril de 1948, promovieron la adopción del «Tratado Americano de Soluciones Pacíficas», mediante el cual se creó la Organización de Estados Americanos (OEA), como sustituta de la Unión Panamericana. Por primera vez se condenó de manera explícita al comunismo y Estados Unidos  impuso la doctrina de las fronteras ideológicas.
Con la creación de la JID, el TIAR y la OEA estructuraron el «sistema interamericano» al servicio de sus intereses. En la Décima Conferencia Panamericana celebrada en Caracas, en marzo de 1954, propusieron una resolución llamada «Acerca de la Injerencia del Comunismo Internacional en los Asuntos de las Repúblicas Americanas», que les sirvió como cobertura para ejecutar tres meses después la intervención militar mercenaria en Guatemala, bajo el mando de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
Para julio de 1956, el presidente Dwight Eisenhower (1953-1961) convocó a sus homólogos de la región a la Ciudad de Panamá, con el pretexto de celebrar el 130 aniversario del Congreso Anfictiónico, creado por el Libertador Simón Bolívar. Con el auspicio de la OEA, Eisenhower se reunió con dictadores militares sostenidos por el Pentágono, que decían representar a sus países: Fulgencio Batista, de Cuba; Anastasio Somoza, de Nicaragua; Alfredo Stroessner, de Paraguay; Marcos Pérez Jiménez, de Venezuela; entre otros. Todos firmaron la Declaración de Panamá, instando a un «esfuerzo cooperativo para promover la libertad humana y aumentar el nivel de vida».
Al triunfar la Revolución Cubana, Estados Unidos empleó a la OEA como punta de lanza contra ella. En agosto de 1959 durante la celebración de la Reunión de Consultas de los Ministros de Relaciones Exteriores en Santiago de Chile, comenzaron a preparar un plan de agresiones, bajo el pretexto de abordar la situación existente en el Caribe. A pesar de no adoptarse ningún texto condenando explícitamente a la Isla, se dieron los primeros pasos para aislarla y avalar una eventual invasión militar.
En agosto de 1960, en una reunión similar en San José, Costa Rica, se condenó a Cuba «por aceptar la ayuda que le había ofrecido la Unión Soviética». En enero de 1961, Estados Unidos rompió las relaciones diplomáticas y consulares con la Isla, y tres meses después ejecutaron la invasión mercenaria por Playa Girón. En enero de 1962 expulsaron a Cuba de la OEA, en la Conferencia Interamericana de Punta del Este, Uruguay, y en febrero el presidente John F. Kennedy (1961-1963) firmó la orden ejecutiva que estableció el bloqueo total sobre el comercio entre Washington y La Habana.
Desde entonces, todos los gobiernos estadounidenses aplicarían una política de hostilidad y agresiones para reconquistar el país y reimplantar el sistema de dominación neocolonial. También intentaron frenar por todos los medios el auge del movimiento de liberación en Nuestra América, inspirado por el ejemplo de la Cuba revolucionaria.
En 1967, el gobierno de Lyndon B. Johnson (1963-1969) convocó otra Cumbre a nivel de mandatarios en Punta del Este, Uruguay, para fortalecer la «Alianza para el Progreso», la cual fracasó. Según consta en los propios documentos de la OEA, «desgraciadamente, en 1967 no se logró una visión de libre comercio al sur de Estados Unidos en el Hemisferio y el plan de desarrollo nunca se implementó en su totalidad».
Con la caída del campo socialista y al desaparecer la supuesta «amenaza comunista», Estados Unidos diseñó otros pretextos. El presidente George H. Bush (1989-1993), lanzó en diciembre de 1990 la «Iniciativa para las Américas», dirigida a establecer un gran bloque de libre comercio desde Alaska hasta la Tierra del Fuego. Ante el nuevo fracaso, su sucesor William Clinton (1993-2001) revivió el proceso de las cumbres e intentó oxigenar el desgastado «sistema interamericano». En la I Cumbre de las Américas en Miami en 1994, presentó un nuevo proyecto injerencista: el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Cuba fue la única nación que no invitaron al evento.
Pocos meses antes de aquella reunión de Miami, durante la sesión inaugural de la IV Cumbre Iberoamericana en Cartagena de Indias, Colombia, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz alertó del peligro que representaba la nueva maniobra estadounidense:
«Nuestro poderoso vecino del Norte ahora convoca a otra reunión cumbre que deberá efectuarse nada menos que en Miami, se dice que para una asociación hemisférica madura.
«Ya hubo Alianza para el Progreso. Ya hubo Iniciativa para las Américas.  Y hoy nadie las recuerda.  De década en década, de siglo en siglo, hemos ido de consigna en consigna, de engaño en engaño. Hubo también guerras, intervenciones y conquistas de territorios a costa de nuestra América. ¿Qué podemos esperar hoy de esa fuerza invariablemente expansionista, egoísta y hegemónica?».
Después de 11 años de intensas presiones de Estados Unidos para implementar el ALCA, el proyecto fue derrotado en la IV Cumbre de las Américas en Mar del Plata en el 2005, en presencia del presidente George W. Bush (2001-2009). Paralelamente se desarrollaba en la misma ciudad argentina la III Cumbre de los Pueblos, en cuyo acto final el Comandante Hugo Chávez Frías adelantó lo que pasaría en la reunión oficial al declarar en su discurso «ALCA, ALCA, al carajo».
Existía en esa época un balance favorable de las fuerzas políticas de izquierda, lideradas por la Revolución Cubana y la Revolución Bolivariana en Venezuela, seguidas por los gobiernos de Brasil, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Uruguay. Durante la V y VI Cumbre de los países de la región reclamaron ante el gobierno de Barack Obama (2009-2017) la presencia de Cuba, porque su exclusión era un error histórico que debía corregirse cuanto antes. Gracias a la unidad latinoamericana y caribeña se logró que Estados Unidos accediera a invitar a la Isla en el 2015 a la VII Cumbre de las Américas en Panamá.
En esta ocasión, el gobierno de Donald Trump (2017- ) intensifica su hostilidad hacia Venezuela e intenta excluirla de la VIII Cumbre de las Américas en Lima, Perú. Estaba previsto que el 21 de marzo, su vicepresidente Mike Pence, expusiera en la OEA las prioridades del gobierno estadounidense hacia el continente. Su portavoz había adelantado que Pence pediría al hemisferio incrementar la presión sobre Venezuela y reafirmar el compromiso para «incrementar la prosperidad económica y la cooperación en seguridad con nuestros amigos y aliados» de la región.
A última hora, el discurso ha sido «pospuesto hasta nuevo aviso» debido a una tormenta de nieve que afectó a Washington y por tanto a la sede de la OEA. Ni el clima los acompaña en sus maniobras. Las premonitorias palabras del Comandante en Jefe llaman a la reflexión e invitan a lanzar la misma interrogante sobre las pretensiones de Donald Trump: ¿Qué podemos esperar hoy de esa fuerza invariablemente expansionista, egoísta y hegemónica?



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