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martes, 14 de noviembre de 2017

A pesar de #Trump, crece el turismo en #Cuba



Por Agustín Palermo (*)
Donald Trump, pichón político e ignorante en geopolítica, junto con sus acólitos, fueron mundialmente humillados el 1 de noviembre en la Asamblea General de la ONU, donde por 26 años consecutivos los representantes de todas las naciones votaron contra el criminal bloqueo económico, comercial y financiero impuesto contra Cuba.
Una semana después, haciendo caso omiso a esas contundentes votaciones, el simulador de emperador hizo todo lo contrario a lo que la comunidad internacional le pedía: aprobó nuevas sanciones que restringen aún más el comercio y limitan los pocos derechos de viajes que tienen los estadounidenses a la isla. El llamado país de la “libertad” les prohíbe a sus ciudadanos viajar a Cuba.

En dicha Asamblea General, la embajadora del Imperio Nikki Haley tuvo que escuchar estruendosos aplausos para Cuba y prolongados silencios para ella (Estados Unidos). No fue poca cosa tener que prestar atención a las palabras del canciller cubano, Bruno Rodríguez, cuando dijo que Estados Unidos es el principal violador de los derechos humanos en el mundo. Tampoco fue grato haber hecho el ridículo histórico, triste y vergonzoso, al recibir sólo el apoyo de ese embrión llamado Israel. Así son los imperios, se desarrollan e imponen contra toda lógica humana.

Estados Unidos encabezado por ese aprendiz de mandón quiere crear nuevas sanciones contra la Isla y recrudecer el bloqueo, y de esa forma revertir todo el proceso -avanzado con la administración Obama- hacia la normalización de relaciones. Los supuestos ataques sónicos contra su personal diplomático en La Habana son parte de las ocurrencias fallidas del matarife. Las medidas pretenden suspender visas para viajar a los Estados Unidos y conducir la situación hacia una nueva crisis migratoria, y tampoco han dudado en decirles a sus ciudadanos, que viajar a Cuba es peligroso. ¡Patético! No hay un solo mes, que en cualquier ciudad de los Estados Unidos, un loco empuñe un arma, que las poseen como si fueran confites (las estimaciones indican que hay más armas que habitantes) ingrese a una iglesia, discoteca o universidad y asesine inocentes hasta cansarse; o que la propia policía dispare contra personas hispanas, latinas o negras, so pretexto de ser sospechosas (si fueran blancas no serían sospechosas). Todo esto jamás ha sucedido en 58 años de Revolución en Cuba. Lo cómico es, que a pesar de todas las medidas del imperio, el  turismo hacia Cuba sigue ascendiendo.
El imperio ignora que la gente no sólo va a Cuba para disfrutar de sus playas; van también a la Isla para ver la obra de la revolución, conocer los logros en educación, medicina, salud, arte, biotecnología, protección ambiental, seguridad, en fin. Y los turistas no son sólo los que proceden de ese país de la “libertad” que les prohíbe visitar Cuba; los turistas vienen de todas partes del mundo. Por eso tenía razón el Profeta Comandante, cuando en conversación con Ignacio Ramonet (en Cien horas con Fidel) expresó: “Fíjese en lo que le voy a decir: vendrán más personas a ver el desarrollo social de este país, los logros sociales de este país, que a las playas de Cuba”.
Si el imperio cree que con esas medidas doblegarán a Cuba, se equivoca, ignora la historia; es más, Trump no tiene la capacidad para entender lo que es la revolución socialista cubana; el pueblo resistirá, y este aprendiz de emperador se sumará al club se expresidentes que fracasaron en sus intentos de acabar con la revolución cubana. (Pensando Américas)
(*) Periodista colaborador de Pensando Américas

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