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viernes, 31 de marzo de 2017

La Loba Feroz junto al resto de la jauría embriagada con Bacardí








Embriagada por Bacardí, la congresista Ileana Ros-Lehtinen se ha lanzado a una ofensiva pública contra la licencia otorgada a fines de 2015 por el gobierno de EE.UU para que Cubaexport registrara nuevamente en ese país la marca cubana de ron Havana Club.

Ros-Lehtinen encabeza una carta firmada por otros 24 legisladores y dirigida al Secretario del Tesoro Steven Mnuchin y al de Estado Rex Tillerson exigiendo la revocación de la licencia. “Fue una decisión tomada por la conveniencia política que ignoró la ley permanente de Estados Unidos y potencialmente abrió una caja de Pandora que podría ver a los titulares de derechos de propiedad intelecual estadounidenses sujetos a confiscaciones ilegales e injustas en el extranjero”, bramó la llamada Loba Feroz.
Amy Federman, vocera de Bacardí dijo, por su parte, que la compañía “estaba encantada de ver que el apoyo a los derechos de propiedad intelectual y la oposición a las confiscaciones extranjeras ilegales siguen teniendo el apoyo bipartidista del Congreso”.
No ha de ovidarse que la Ros junto a Lincoln Díaz-Blart, el corrupto de Bob Menéndez y el infausto senador floridano Coney Mack, fueron artífices, al amparo y pago de la Bacardí, de la Sección 211, incluída como percha de la Ley Omnibus de Asignaciones en 1998. Ese engendro legislativo estableció que ningún tribunal estadounidense reconocerá derechos sobre marcas registradas y nombres comerciales que se usaron en propiedades confiscadas por el gobierno cubano. La primera víctima de esa patente de corso fue Havana Club. Por aquella fecha, una corte de Nueva York, con el apoyo de congresistas anticubanos, validó la usurpación por parte de la compañía Bacardí del derecho de uso de la marca Havana Club en Estados Unidos, que estaba registrado desde 1974, mediante la comercialización fraudulenta de un ron producido fuera de Cuba.
Lo que está en el fondo no es que la Bacardí tenga mucho empeño en producir un buen Havana Club para los consumidores estadounidenses. Lo que le preocupa a la firma radicada en Bermudas es el creciente impacto de Havana Club International (la mixta de Cuba Ron y Pernord Ricard) en el mercado mundial, donde ya vende más de 4 millones de cajas de botellas de ron; pese a no poder comercializar ni una sola botella en suelo estadounidense, el mayor mercado internacional de bebidas espirituosas.
Y aunque no estoy seguro de cuántos tragos de Bacardí haya habido de por medio, la otra parte de la jauría anticubana en el Congreso también anda activada. Mario Díaz Balart es capaz de venderle el alma hasta al diablo para sostener la “industria del mal”, como la llamaba Francisco Aruca. El legislador floridano apoyó resueltamente la derrotada propuesta de Trump de echar abajo el plan de salud ObamaCare -que benefició a miles de personas de escasos recursos en su distrito-, a cambio de que el inquilino actual de la Casa Blanca apriete clavijas contra Cuba y revierta las medidas tomadas por la anterior administración.
Asimismo anda el senador Marcos Rubio, tratando de marcarle pautas al gobierno Trump en la relación con Cuba y actuando de cancerbero yanqui en la ofensiva contra Venezuela. Su vergonzoso actuar por estos días, lanzando invectivas, presionando a gobiernos soberanos y tratando de lograr la expulsión venezolana de la OEA, es para concurso de ignominia imperial.
La claque anticubana anda dispuesta, desde el pasado 20 de enero, a tratar de recuperar protagonismo e imponer condiciones. Habrá que ver si desde Washington se permite que la política hacia Cuba vuelva a quedar secuestrada en Miami.

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