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lunes, 12 de diciembre de 2016

#Fidel: “Yo muero mañana y mi influencia puede crecer”



Por Ángel Bravo
Corrían los primeros años de este siglo y en uno de los países centroamericanos se iba a realizar la XIV Cumbre Iberoamericana; se especulaba mucho de la posible presencia del Comandante Fidel Castro. Estábamos de tránsito en el aeropuerto de México y alguien escuchó decir al Cónsul de Cuba: “si Fidel asiste a la Cumbre eso será un verdadero huracán de alegría para el pueblo”. Semanas después supimos que Fidel no viajó. Las palabras del diplomático estaban fundadas en lo que siempre había sucedido cada vez que el Comandante realizaba algún viaje al exterior.

El libro del periodista Luis Báez titulado Fidel por el mundo, registra muy bien los grandes recibimientos que los pueblos le han dado al Comandante cada vez que ha llegado a algún país; todos querían verle, saludarle, tocarle, escucharle. Fidel siempre ha sido apreciado y defendido por los pueblos de todos los continentes. Eso nunca ha sucedido con ningún otro presidente; por el contrario, muchos de ellos -todos de derecha-, pasan completamente desapercibidos cuando arriban a algún aeropuerto o en su defecto prefieren esconderse por temor a ser abucheados.
Los propios medios defensores del capitalismo no pudieron invisibilizar la popularidad revolucionaria del Comandante. El odio visceral que siempre derrocharon contra él, lo único que logró fue mostrar la grandeza del personaje y la miseria de sus enemigos.
Hoy el imperio utiliza todo tipo de mecanismo e instrumentos para asechar a Cuba. A través de la gran prensa ha desatado una campaña contra la isla y ha empezado a cantar victoria, creyendo que ha llegado el fin de la Revolución. Casi sesenta años de resistencias, combates y triunfos del pueblo cubano, no han sido suficientes para que los adversarios entiendan de qué está hecha esta Revolución; ignoran la historia y son analfabetos políticos.
La publicidad hacia los perdedores de siempre de Miami es tan bulliciosa que pretenden hacerla pasar como si fueran muchos; pero son los mismos frustrados de siempre, residuos de los batistianos, que han vivido organizando y financiando atentados contra el pueblo cubano, sus dirigentes e instalaciones.
Mientras que en la fila de los que saludaron la grandeza, la dignidad y el coraje de Fidel se encuentran cientos de personalidades de la intelectualidad, las ciencias, las letras, las artes, dirigentes de movimientos sociales, los pueblos, los políticos y presidentes de muchos países, en el circo de Miami los embriagados de odio y resentimiento, tienen como paladines al agente de la CIA Carlos Alberto Montaner y al publicista panfletero Andrés Oppenheimer. El lector puede sacar sus  conclusiones.
Desde el pasado 25 de noviembre por todas partes vuelve a surgir la pregunta ¿y ahora qué pasará con Cuba? Simpatizantes de la Revolución e incluso gente que se dice de “izquierda” temen que le haya llegado la hora final (los medios enemigos de los pueblos han logrado alienarlos con esos mensajes de desesperanza). Se equivocan otra vez. Fidel ha partido a la eternidad, multiplicándose en su gente. Y en no pocas ocasiones el propio Comandante -que conoce muy bien a los revolucionarios- ha afirmado que la Revolución no depende de un hombre, sino de la unión de su pueblo. Por eso, los buitres tendrán que seguir imbuyéndose sus rencores y sus fracasos. Una vez más, Fidel y su pueblo les han asentado otro golpe. Y les duele recordar que el Gigante los ha derrotado en todos los combates.
En conversaciones con Ignacio Ramonet, recogido en el libro Cien horas con Fidel, en el capítulo “Después de Fidel qué”, el Comandante afirma: “Que nuestros enemigos no se hagan ilusiones; yo muero mañana y mi influencia puede crecer.” ¿Alguien tiene duda? (Pensando Américas)

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