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jueves, 22 de diciembre de 2016

#Fidel sigue haciendo temblar a #Miami



Por Ángel Bravo
Desde el 1 de enero de 1959, la ciudad de Miami se convirtió en el destino a donde fueron a parar los batistianos, quienes antes se habían dedicado a los negocios de los juegos y la prostitución en la isla. Huyeron, creyendo que el nuevo gobierno de Cuba no duraría mucho tiempo, y estaban listos para retornar en pocos meses. Han pasado casi sesenta años, y ahí están todavía esperando; son algunos nonagenarios batistianos (en sillas de ruedas), acompañados de sus hijos y nietos (que poco o nada saben de la mafia que administraban sus progenitores en Cuba) y de gente acostumbrada a sustraer dinero con engaños y con negocios ilegales.


Con el pasar de los años, el sur de la Florida se convirtió en una especie de depósito de gente resentida, llena de odio y de venganza (razón tenía Carlos Puebla cuando dijo: “Se acabó la diversión, llegó el Comandante y mandó a parar”). El libro de Luis Báez, Miami donde el tiempo se detuvo, resume lo que caracteriza a esas personas; el texto es una larga entrevista al experimentado periodista Luis Ortega, quien vivió en Miami. Éste refiriéndose específicamente a los cubanos batistianos -que también tienen el control de los medios- los llama: despojo humano, indigentes intelectuales, miseria e idiotez, retrasados mentales, de estupidez y demencia ilimitada, de ignorancia asombrosa. Luis Ortega nunca fue comunista, pero conoció a sus propios compatriotas apátridas en lo más profundo de su vacío espiritual.
Pero a Miami también llegaron a vivir muchos cubanos decentes, que salieron de la isla no por razones políticas, sino económicas, que no han renegado de su patria; se trata de personas de bien, que han evitado cualquier vínculo con ese grupo de extremistas descrito por Ortega.
Aunque la prensa ha querido siempre ocultar, no lo ha logrado: es conocido que ahí, en el sur de la Florida, existen grupos terroristas que desde hace varias décadas organizan planes de atentados contra el pueblo cubano, sus dirigentes e instalaciones. La historia de Los Cinco héroes cubanos se conoció en todo el mundo, develando esa cueva de criminales y terroristas de Miami. Esos grupos tienen el apoyo y visto bueno de políticos republicanos extremistas como Ileana Ros-Lehtinen, Mario Díaz-Balart y Robert Menéndez que viven haciendo lobby contra Cuba en el Congreso de los Estados Unidos.
Pero ha sido la gente decente, los cubanos hijos de Martí, profesionales formados por la Revolución cubana, mujeres y hombres de bien, que en Miami mismo han sabido levantar las banderas de la dignidad y la soberanía; lo que sucede es que la prensa, en manos de la mafia contrarrevolucionaria, los invisibiliza.
El pasado 18 de diciembre en Miami mismo, las organizaciones que integran la Alianza Martiana (la Brigada Antonio Maceo, la Asociación José Martí, la Alianza de Trabajadores de la Comunidad Cubana, la Asociación de Mujeres Cristianas en Defensa de la Familia, el Círculo Bolivariano de Miami y el Círculo de Intelectuales y Artistas Iberoamericanos) rindieron homenaje al más grande revolucionario de todos los tiempos, Fidel Castro. Así los cubanos residentes en Estados Unidos mostraron con valentía y honor sus sentimientos más profundos de luto por la muerte de quien en vida fuera el líder indiscutible de Cuba, defensor de su soberanía y baluarte de la Nación.
Las palabras de Andrés Gómez, organizador del evento fueron: “Aquí estamos para unirnos al resto del pueblo de Cuba, y rendir tributo a la obra y al ejemplo del Comandante en Jefe de la Revolución cubana, Fidel Castro”. Y Elena Freyre, presidenta de la Fundación por la Normalización de las Relaciones Cuba-Estados Unidos afirmó: “los grandes hombres nunca mueren, desaparecen físicamente, pero dejan una obra y un legado que vive por siempre”. “Tengo la completa seguridad que el legado y la obra de Fidel Castro vivirá siempre”.
Mientras estas personalidades con educación y cultura rendían homenaje al Gigante, en las afueras, una chusma de elementos terroristas, fracasados, deshumanizados y perdedores de siempre -que no alcanzaban las cincuenta personas-, gritaban e insultaban. Para demostrar toda su “valentía”, hicieron el acto más “grandioso” de su protesta: tirar una bolsa de excremento contra el local de reunión.
Gracias a Fidel, ahí están, esos son los enemigos de Cuba; por lo mismo la Revolución cubana estará siempre asegurada, y continuará siendo respetada y admirada por todos los pueblos del mundo. (Pensando Américas)

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