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miércoles, 7 de diciembre de 2016

El regreso a Birán



Birán fue el punto de partida. A Birán volvió este martes el General de Ejército Raúl Castro Ruz junto a otros familiares para depositar las cenizas de sus hermanos Angelita y Ramón, en el panteón que se yergue a la sombra de los mismos árboles donde comenzara a escribirse la historia del Comandante en Jefe de la Revolución cubana.

«Angelita, la mayor de las hembras y la mayor de todos, fue hija fiel y amorosa de sus padres; Ramón, fue el único llamado a conservarse como el guardián de la tierra hasta el final de sus días», así resume el Doctor Eusebio Leal Spengler la vida de estos hermanos durante la solemne ceremonia de inhumación.
De Ramón sobresalen además, su cooperación con el Movimiento 26 de Julio y su quehacer en la organización de una de las redes de suministros que abastecían al II Frente Oriental Frank País. Después del triunfo de la Revolución de­sempeñó disímiles actividades a diferentes niveles en el sector agropecuario, fundamentalmente en la rama cañera y ganadera.
Por todo ello mereció diferentes reconocimientos, entre otros, el título de Héroe del Trabajo de la República de Cuba.
Los familiares que cargan las urnas se ubican delante del panteón; detrás Raúl y la hermana Enma; luego lo hace el resto de la familia allí reunida. Se llevan las cenizas hasta el lugar de reposo; se escucha un toque de silencio y resuenan las notas del Himno Nacional. En un íntimo adiós los seres queridos van dejando rosas blancas junto a los nichos.

Al decir de Eusebio Leal, Birán fue el fruto del trabajo infinito, de años de faena y empeño, «aquí vive el espíritu de la familia y aquí vendrán millones de personas de todas partes del mundo, porque hace unas pocas horas hemos dejado en una piedra al más importante de todos los que aquí nacieron, a aquel que estuvo llamado a hacer un destino».
Por decisión familiar, los restos de los hermanos —An­gelita, fallecida en febrero del 2012 y Ramón en fe­brero del 2016— fueron trasladados a este sitio que, a juicio del Doc­tor Leal, marcó un punto de inflexión, hizo la diferencia, porque en ninguna otra hacienda cubana de esa naturaleza existía «un aula escolar donde se formaban los niños y aprendían a tener sentimientos de amor patrio».
De allí salieron Fidel y Raúl un día. Allí habremos de ir los cubanos todos, porque en Birán también está nuestra raíz, nuestra historia.

 

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