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lunes, 14 de noviembre de 2016

Cuba es un libro de historia enorme y nuestros símbolos son sagrados



El valor de los símbolos patrios en defensa de la dignidad

El amor a la historia y a los símbolos nacionales, la unidad, la voluntad, la alegría colectiva y los avances constituyen nuestros mejores escudos ante la compleja situación actual y el propósito permanente de Estados Unidos (EE.UU.) de socavar los cimientos del proyecto social cubano.


Es indispensable que la cubanía circule en todo momento por las mareas de nuestro pueblo inmenso, el cual es la mayor fortaleza de la nación y deberá tener siempre la capacidad e inteligencia para resistir y vencer con dignidad difíciles obstáculos.

La reciente directiva presidencial de EE.UU. y las estrategias de ese país dirigidas especialmente a los jóvenes, confirman que la principal batalla de hoy es en lo simbólico, en el terreno de las ideas y la sicología, con el aprovechamiento de las nuevas tecnologías.

Para enfrentar todo eso, lo mejor es el respeto a las esencias y el orgullo sano de nacer y vivir con dignidad aquí, una mezcla de sensaciones y de actitudes, capaz de formar algo muy particular y potente: la cubanía.

Según el antropólogo Fernando Ortiz, considerado el tercer descubridor de Cuba por sus aportes investigativos, para sentir ese “algo” es indispensable la conciencia de ser cubano y la voluntad de quererlo ser, como manifestación de una cubanidad plena, sentida, consciente y deseada.

Abel Prieto Jiménez, actual Ministro de Cultura, señala la existencia de una cubanía honda y de resistencia, que acumula creación y espíritu para la Patria.

Para el reconocido historiador Eusebio Leal Spengler, la misma “debe ser aceptada con sus luces y sombras, con sus defectos y virtudes, pues no admite naufragios ni olvidos. Es como la relación del ser humano con la madre, que lo excede todo, un vínculo misterioso, por eso es muy importante la memoria”.

Es necesario que nuestros símbolos nacionales sean eternas fuentes de emoción. Ojalá el Himno sea entonado siempre con la pasión de nuestros mambises y de otros que dieron sus vidas por el sueño de libertad.

Para ellos el deseo de ser independientes era más fuerte que todo, cual llama de dignidad y valor que jamás deberá ser traicionada.

La conciencia popular y esa cubanía tan poderosa son esenciales para evitar la penetración de símbolos extranjeros en la ropa y mediante otras maneras, lo cual es una forma de colonialismo, según Fernando Martínez Heredia, Premio Nacional de Ciencias Sociales.

Coincidimos con el doctor en ciencias filológicas Luis Toledo Sande, quien en una conferencia en Bayamo resaltó que los hijos de Cuba no podemos dejarnos confundir y considerar al César un posible salvador, ni confiar en sonrisas y artimañas políticas.

La Bandera, el Himno y el Escudo nacionales simbolizan la tradición de lucha del pueblo cubano, el sacrificio de muchas generaciones, las heridas y hasta muertes de miles de personas, y todo eso debe vivir en la mente de cada nacido en este archipiélago como motivo de orgullo.

En el contexto actual, es indispensable una Educación de calidad, con profesores creativos, capaces de lograr que los jóvenes amen la historia e identifiquen y rechacen por conciencia los intentos subversivos que llevan el propósito de convertirlos en agentes de cambio.

Es preciso aprovechar siempre la fuerza de las comunidades y especialmente de los jóvenes, con inteligencia y unidad, para seguir la construcción de un país repleto de retos y sueños, que necesita más avances económicos.

Cuba es un libro de historia enorme, con páginas de heroicidades, tristezas y triunfos. Por la sangre de sus habitantes circula la acumulación de momentos peculiares que nos hace fuertes, inteligentes e indomables, escudos y lanzas, para resistir con esperanza y conquistar anhelos.

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