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lunes, 31 de octubre de 2016

Cuba arrodilló al manda más del mundo



Por Ángel Bravo
Una vez más, por veinticinco años seguidos Cuba volvió a poner de rodillas al gobierno de los Estados Unidos en la Asamblea General de la ONU. De un total de 193 países miembros, 191 votaron a favor de la resolución cubana de la necesidad de poner fin al bloqueo económico comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba, que se mantiene incólume y con fiereza por más de 50 años. No hubo ningún voto en contra. Los dos países que se abstuvieron vergonzosamente, fueron los Estados Unidos e Israel.

La intervención del canciller cubano, Bruno Rodríguez, fue una pieza brillante de oratoria. Su exposición estuvo cargada de cincuenta y ocho años de combate, resistencia y esperanza del heroico pueblo cubano.

Todos los años los jefes de Estado, vicepresidentes, cancilleres y otras personalidades que asisten a la Asamblea General, esperan con ansias la intervención del representante de la mayor de las Antillas, porque saben que Cuba, cual David, derribará al gigante Goliat, los Estados Unidos.

La primera vez que Cuba presentó esa resolución fue en 1992 y desde esa fecha la tendencia histórica de su aprobación ha sido por un alto margen (nunca tuvo más de cuatro votos en contra). En 1992 sólo 59 países votaron a favor y se destacó el elevado número de abstenciones y ausencias, pero con el paso de los años esa tendencia fue cambiando, y lo que se produjo fue la consolidación de la disminución de las abstenciones y las ausencias hasta llegar al 2016, con un contundente resultado. Los países que se abstenían o se ausentaban lo hacían porque temían enfrentar a la fuerza del imperio.
Hace más de once años Ignacio Ramonet le preguntó a Fidel “¿El 90 por ciento de los países de la ONU apoyan la denuncia de Cuba contra el embargo económico?”, y el Comandante le dijo: “Hay que ver con admiración a decenas y decenas de países que tienen pendiente un crédito en el Fondo Monetario, o en el Banco Mundial, o alguna necesidad económica, que dependen de Estados Unidos, y allí votan contra el bloqueo. No es una votación secreta, es pública; si todas las votaciones en Naciones Unidas fueran secretas, no ganarían ninguna en ningún tema”.

Los resultados de la votación del pasado 26 de octubre son un reconocimiento por parte de la comunidad internacional de que el bloqueo persiste, y que produce daños en el pueblo cubano tanto de índole humano como en el desarrollo económico del país y con afectaciones a terceros países.

En su alocución Samantha Power representante de los Estados Unidos (que fue previo al discurso de Bruno Rodríguez) luego de anunciar que los Estados Unidos iba a abstenerse en la votación -por lo que fue muy aplaudida-, hipócritamente insistió que eso no significa que los Estados Unidos esté de acuerdo con todas las políticas y prácticas del gobierno cubano. (¿Ignora acaso que el gobierno cubano tampoco está de acuerdo con todas las políticas y prácticas del gobierno de los Estados Unidos?).
La representante yanqui, en cuyo país, una semana sí y la otra también las noticias nos hablan de muertes por armas de fuego, de la brutalidad y abusos policiales, especialmente contra la población afroamericana y de la creciente inseguridad ciudadana, cínicamente expreso: “nos preocupa profundamente las graves violaciones de derechos humanos que el gobierno cubano sigue perpetrando con impunidad contra su propio pueblo.” Esta vez no se escuchó ni un solo aplauso.
Power nunca se imaginó lo que le expresaría Bruno Rodríguez, el orador de la Asamblea: “Sería provechoso reconocer que cambiar a Cuba es solo asunto soberano de los cubanos y que Cuba es un país verdaderamente independiente. Lo es porque ganó su independencia por sí mismo y ha sabido y sabrá defenderla al precio de los mayores sacrificios y riesgos. Debieran saber que nuestro pueblo conquistó el poder, se “empoderó” a sí mismo hace tiempo y cotidianamente ejerce el poder soberano, el poder popular, solo eso explica que estemos aquí esta mañana.”
Y como dice el refrán popular “al que no quiere sopa, dos platos”, le recordó: “Lucharemos por construir una Nación soberana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible. No volveremos al capitalismo.” Ahí si se desató una enorme ovación entre los presentes.
La abrumadora votación en la Asamblea General ha sido un éxito del pueblo cubano, de la dirección histórica de la revolución, de los pueblos del mundo y de todos los países que votaron a favor de la resolución.(Pensando Américas)




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