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miércoles, 3 de junio de 2015

Embajada USA en Cuba: Condición, la decencia



Por:  Nicanor León Cotayo

El principal freno radica en el tipo de relación que exista entre diplomáticos estadounidenses y la sociedad civil cubana.

Así escribió este martes un periodista de la agencia francesa AFP, Alexandre Grosbois, de quien se hizo eco en Miami el Nuevo Herald.

Sería necesario comenzar dilucidando ¿qué es tal sociedad para Washington?
Hasta el momento un conjunto que incluye a grupos sembrados en la isla desde hace años a los que públicamente han hecho llegar generosas cifras de dinero.
Algunos de ellos llegaron tiempo atrás a molestarse con el entonces senador John Kerry porque les dificultó la entrega de 20 millones de dólares para sus andanzas contra Cuba.
¿Pretexto? Luchar por la democracia y los derechos humanos bajo la sombrilla de instituciones oficiales del gobierno estadounidense.
Entre ellas, a manera de ejemplo, su Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés).
Como es sabido, esa entidad ha sido expulsada de varios países debido a los servicios que presta a la CIA.
Hace unos siete meses Cuba denunció ante la Primera Conferencia Mundial de Internet la utilización en su territorio de tecnologías de información y comunicaciones con fines subversivos.
Entre los más gravemente implicados salió a flote la USAID, madre del programa secreto Zunzuneo, alias el Twiter cubano.
Pero la expresión más brutal del comportamiento de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana (SINA) la sintetiza el señor James Cason.
Hizo historia sucia desde que en septiembre de 2002 el presidente republicano George W. Bush, tan ultraderechista como inculto, puso esa dependencia en sus manos.
Lo resume, entre tantos, un hecho acaecido el cuatro de julio de 2005, y que difundieron el Nuevo Herald y agencias cablegráficas.
En esa ocasión, Día de la Independencia de Estados Unidos, congregó en los jardines de su residencia a jefes de grupos “disidentes” para celebrar la efeméride.
Asimismo llegó a montar en aquellos predios diplomáticos un  simulacro de elecciones a la misma hora y día que tenían lugar en su país.  
Esto unido a otra larga cadena de provocadoras declaraciones y actos concretos de abierta subversión.
A fines de mayo último, vísperas de la nueva reunión entre ambos gobiernos, un funcionario cubano declaró que está pendiente solucionar “el régimen de movimiento de los diplomáticos”.
Y añadió, “más su comportamiento”, idea relacionada con trajines en torno a la titulada promoción de la democracia.
El mencionado periodista de la AFP, Alexandre Grosbois, comentó que esa actividad enfada a La Habana, y luego explicó el motivo.
Para ello se remitió a Marc Hanson, del centro Washington Office for Latin America (WOLA).
En Cuba, -afirmó el experto- “esos activistas tienden a estar trabajando o actuando en la oposición al gobierno cubano”.
Grosbois añade que, a pesar de todo, la misión estadounidense ofrece a cubanos acceso a internet y “capacitación en su propia sede o en sus residencias oficiales”.
Después recuerda que el presidente Raúl Castro advirtió que la reapertura de una embajada estadounidense no será posible hasta la rectificación de ciertos “comportamientos”.
“Le manifesté al presidente (Barack Obama) concretamente, que lo que más me preocupa es que (los diplomáticos estadounidenses) continúen haciendo las cosas ilegales que hacen ahora”, como la capacitación a “periodistas independientes, ya sea en la SINA o en casas de sus diplomáticos”.
El corresponsal de la AFP, Grosbois, agregó otra cita de las palabras del mandatario cubano:
“Esas cosas no se pueden hacer. Sencillamente, lo que planteamos es que todos tenemos que ajustarnos a los acuerdos sobre el comportamiento de los diplomáticos en todo el mundo, aprobado en la Convención de Viena de 1961”.
Alexandre Grosbois se atrevió a sentenciar, el día en que la SINA se convierta en embajada, le será muy delicado justificar ese tipo de actividades.

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