La jefa del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de
los Estados Unidos, Ileana Ros-Lehtinen, pretende que su gobierno condene la
candidatura del presidente nicaragüense, Daniel Ortega, para reelegirse en el
cargo.
Lo hizo a través de un comunicado que divulgó este jueves su oficina donde
criticó duramente a Obama porque, dijo, “se está nuevamente durmiendo y
permanece silencioso en vez de condenar los ataques de Ortega a la democracia”.
Instó al Departamento de Estado, señala también el documento, a condenar las
acciones que emprende Daniel Ortega para favorecer sus aspiraciones
en las elecciones del 6 de noviembre en Nicaragua.
El mandatario centroamericano aspira a ser reelecto luego que el Tribunal
Supremo de su país legalizó tal posibilidad. Desde ese momento el candidato
sandinista marcha al frente de las encuestas.
¿Qué indica el más elemental sentido común? Un grosero e inaudito
entrometimiento de Ileana en los asuntos de otros países y en los que
corresponde manejar a otros.
Así lo corroboran algunos ejemplos.
En 1990 se opuso de manera estridente a la visita del líder africano Nelson
Mandela durante su gira por ciudades de Estados Unidos, con el argumento de que
tenía buenas relaciones con personalidades como Fidel Castro y el dirigente
palestino Yasser Arafat.
Cuatro años después, cuando en marzo de 1994 el gobierno de Colombia insinuó la
posibilidad de vender petróleo a Cuba, bajo las condiciones del comercio
internacional, equivalente a decir sin beneficios adicionales para los
compradores, la congresista Ros-Lehtinen intentó frustrar la operación
amedrentando públicamente a diplomáticos colombianos acreditados en Washington.
En agosto del año siguiente, ella envió una carta al Departamento de Estado
para exigir que no se le otorgara visado a Fidel Castro si en octubre decidía
asistir en Nueva York a los actos por el 50 aniversario de la ONU. Como era de
esperar, una funcionaria gubernamental, Wendy Sherman, informó que su gobierno
rechazó el pedido de la legisladora.
Ileana también le hizo llegar otra nota al gobierno de Sudáfrica donde le
exponía su malestar ante la posibilidad de que normalizara sus relaciones con La Habana, así como le
advertía que con ello pondría en peligro sus relaciones con el Congreso de Estados
Unidos.
Días antes, el 7 de marzo de 1995, y en el transcurso de una sesión del Comité
de Relaciones Exteriores de la
Cámara de Representantes, esta congresista por Miami criticó
al entonces vicesecretario de Estado para Asuntos Políticos, Peter Tarnoff,
porque no condicionaron la ayuda a México a pesar de las amplias relaciones que
mantenía con Cuba.
Corría la mitad del año 1997 cuando junto a colegas de igual plumaje saboteó en
el Capitolio de Washington una iniciativa enderezada a levantar el bloqueo a
las ventas de alimentos y medicinas para los cubanos, que ya co-patrocinaban 49
integrantes de la Cámara
de Representantes. Esa intención resultó frenada, luego detenida y finalmente
echada al cesto destinado a la basura.
Un poco después, el 16 de julio, un congresista de Nuevo México, Jeff Bingman,
presentó dos proyectos de ley, uno sobre la reanudación de los vuelos hacia La Habana y el otro sobre el
cese de las restricciones al envío de remesas familiares.
Pero el grupo ultraderechista que encabezaba Ileana en la Cámara Baja impulsó
tal maquinación, que Birgman se vio forzado a retirar la primera, y cuando la
segunda fue llevada a votación la derrotaron por mayoría.
El 24 de febrero de 1998, esta representante por Miami se presentó ante la Comisión de Derechos
Humanos de la OEA,
-hecho inusual para alguien que pertenecía al Congreso de Estados Unidos- y
allí profirió los más descabellados ataques contra la Revolución cubana,
espectáculo que finalizó en una rueda de prensa donde, ante el asombro de muchos,
pidió la renuncia del secretario general de esa organización regional, César
Gaviria, porque, según ella, no era lo suficientemente duro con La Habana.
Y así, continuó por ese mismo camino hasta el presente.
Uno de los casos más cercanos tuvo que ver con el gran tropiezo que sufrió con
la actual secretaria de Estado, Hillary Clinton, al inmiscuirse sin mucha
meditación en asuntos de la incumbencia de esta.
En una carta que Clinton le dirigió el 26 de julio de 2011, dejó constancia de
su “profunda preocupación” sobre una resolución aprobada en la Cámara de Representantes
auspiciada por Ileana que incluye “severos recortes” de contribuciones a
organismos internacionales, y la eliminación de la correspondiente a la OEA.
El citado acuerdo aborda otros asuntos que se adentran en la
conducción de la política exterior asignada al departamento que encabeza la
señora Clinton.
Esta última advierte en su carta a Ros-Lehtinen que “el Departamento de Estado
se opone a esta resolución. Si llega al Presidente, voy personalmente a
recomendar que la vete”.
O sea, que Ileana persiste en actuar, incluso con los suyos, como el famoso
elefante que penetra y juguetea en una cristalería.
Tomado del Blogs de Yohandry