El 22 de octubre de 1962,
el entonces presidente de Estados Unidos, Ion F. Kennedy decretó el bloqueo
naval a Cuba, la movilización de sus fuerzas aéreas y otros preparativos que
anunciaban la inminencia de una agresión directa a la mayor de Las Antillas.
Se inició así la llamada
crisis de octubre, ante la cual la dirección de la Revolución adopta
medidas defensivas, y los cubanos convocados por el Comandante en Jefe Fidel
Castro cierran filas para salvaguardar la Patria Socialista.
Durante los días en que
Cuba estuvo en pie de guerra, y el mundo al borde de una catástrofe nuclear, en
muchas partes del planeta se levantaron voces de solidaridad con esta nación
que daba ejemplo de que no es posible amedrentar a un pueblo decidido a
defender sus principios.
Por estos motivos Kennedy
demanda la retirada de las armas estratégicas soviéticas basificadas en Cuba y
declara el bloqueo naval ante lo cual las Fuerzas Armadas Revolucionarias respondieron
con alarma de combate para todas las unidades.
La aviación de exploración
táctica norteamericana incrementa sus vuelos rasantes, al punto que el
Comandante en Jefe ordena, el 26 de octubre, que a partir del siguiente día se
abriera fuego contra los aviones enemigos en vuelo a baja altura.
Dada la insolencia del
gobierno estadounidense, el 26 fue derribado un avión sobre el norte de
oriente, hecho que marca uno de los momentos más dramáticos de la crisis.
Durante los siguientes días
hubo un intercambio de mensajes entre los presidentes de Rusia y Cuba, a raíz,
el Kremlin comunica a Washington que se habían impartido órdenes para
interrumpir la construcción de las instalaciones en la isla, desmantelar las existentes
y retornar las armas nucleares desplegadas por la entonces URSS.
Ante esta solución, el
gobierno cubano rechaza la inspección de su territorio como lo habían acordado
las dos potencias, Estados Unidos y la Unión Soviética. Finalmente se levanta el bloqueo naval a finales de
octubre y el gobierno revolucionario declara la vuelta a la normalidad en el país,
luego de permanecer en pie de guerra.
Cuba mantuvo sus posiciones
de principios en todo momento y con la mayor firmeza, su prestigio y su moral,
aunque la crisis fue conjurada , y los Estados Unidos se comprometieron a no
invadir a Cuba, pero la sostenida agresividad contra la Revolución no cesó, ni
ha cesado nunca, lo que evidencia que la seguridad del país no podía ni puede
confiarse ante los apetitos de un gobierno cada vez más comprometido con la extrema
derecha de Miami.
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