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sábado, 22 de octubre de 2011

Ileana Ros-Lehtinen, elefanta en una cristalería

La jefa del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, Ileana Ros-Lehtinen, pretende que su gobierno condene la candidatura del presidente nicaragüense, Daniel Ortega, para reelegirse en el cargo.
Lo hizo a través de un comunicado que divulgó este jueves su oficina donde criticó duramente a Obama porque, dijo, “se está nuevamente durmiendo y permanece silencioso en vez de condenar los ataques de Ortega a la democracia”.
Instó al Departamento de Estado, señala también el documento, a condenar las acciones que emprende Daniel Ortega  para favorecer  sus aspiraciones en las elecciones del 6 de noviembre en Nicaragua.
El mandatario centroamericano aspira a ser reelecto  luego que el Tribunal Supremo de su país legalizó tal posibilidad. Desde ese momento el candidato sandinista marcha al frente de las encuestas.
¿Qué indica el más elemental sentido común? Un grosero e inaudito entrometimiento de Ileana en los asuntos de otros países y en los que corresponde manejar a otros.

Así lo corroboran algunos ejemplos.
En 1990 se opuso de manera estridente a la visita del líder africano Nelson Mandela durante su gira por ciudades de Estados Unidos, con el argumento de que tenía buenas relaciones con personalidades como Fidel Castro y el dirigente palestino Yasser Arafat.
Cuatro años después, cuando en marzo de 1994 el gobierno de Colombia insinuó la posibilidad de vender petróleo a Cuba, bajo las condiciones del comercio internacional, equivalente a decir sin beneficios adicionales para los compradores, la congresista Ros-Lehtinen intentó frustrar la operación amedrentando públicamente a diplomáticos colombianos acreditados en Washington.
En agosto del año siguiente, ella envió una carta al Departamento de Estado para exigir que no se le otorgara visado a Fidel Castro si en octubre decidía asistir en Nueva York a los actos por el 50 aniversario de la ONU. Como era de esperar, una funcionaria gubernamental, Wendy Sherman, informó que su gobierno rechazó el pedido de la legisladora.
Ileana también le hizo llegar otra nota al gobierno de Sudáfrica donde le exponía su malestar ante la posibilidad de que normalizara sus relaciones con La Habana, así como le advertía que con ello pondría en peligro sus relaciones con el Congreso de Estados Unidos.
Días antes, el 7 de marzo de 1995, y en el transcurso de una sesión del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, esta congresista por Miami criticó al entonces vicesecretario de Estado para Asuntos Políticos, Peter Tarnoff, porque no condicionaron la ayuda a México a pesar de las amplias relaciones que mantenía con Cuba.
Corría la mitad del año 1997 cuando junto a colegas de igual plumaje saboteó en el Capitolio de Washington una iniciativa enderezada a levantar el bloqueo a las ventas de alimentos y medicinas para los cubanos, que ya co-patrocinaban 49 integrantes de la Cámara de Representantes. Esa intención resultó frenada, luego detenida y finalmente echada al cesto destinado a la basura.
Un poco después, el 16 de julio, un congresista de Nuevo México, Jeff Bingman, presentó dos proyectos de ley, uno sobre la reanudación de los vuelos hacia La Habana y el otro sobre el cese de las restricciones al envío de remesas familiares.
Pero el grupo ultraderechista que encabezaba Ileana en la Cámara Baja impulsó tal maquinación, que Birgman se vio forzado a retirar la primera, y cuando la segunda fue llevada a votación la derrotaron por mayoría.
El 24 de febrero de 1998, esta representante por Miami se presentó ante la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, -hecho inusual para alguien que pertenecía al Congreso de Estados Unidos- y allí profirió los más descabellados ataques contra la Revolución cubana, espectáculo que finalizó en una rueda de prensa donde, ante el asombro de muchos, pidió la renuncia del secretario general de esa organización regional, César Gaviria, porque, según ella, no era lo suficientemente duro con La Habana.

Y así, continuó por ese mismo camino hasta el presente.

Uno de los casos más cercanos tuvo que ver con el gran tropiezo que sufrió con la actual secretaria de Estado, Hillary Clinton, al inmiscuirse sin mucha meditación en asuntos de la incumbencia de esta.
En una carta que Clinton le dirigió el 26 de julio de 2011, dejó constancia de su “profunda preocupación” sobre una resolución aprobada en la Cámara de Representantes auspiciada por Ileana que incluye “severos recortes” de contribuciones a organismos internacionales, y la eliminación de la correspondiente a la OEA.
El citado acuerdo aborda otros asuntos que se adentran en la conducción de la política exterior asignada al departamento que encabeza la señora Clinton.
Esta última advierte en su carta a Ros-Lehtinen que “el Departamento de Estado se opone a esta resolución. Si llega al Presidente, voy personalmente a recomendar que la vete”.
O sea, que Ileana persiste en actuar, incluso con los suyos, como el famoso elefante que penetra y juguetea en una cristalería.
Tomado del Blogs de Yohandry

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