Frases de José Martí.....La gratitud, como ciertas flores, no se da en la altura y mejor reverdece en la tierra buena de los humildes......Ayudar al que lo necesita no sólo es parte del deber, sino de la felicidad.....Buscamos la solidaridad no como un fin sino como un medio encaminado a lograr que nuestra América cumpla su misión universal.....Las verdades elementales caben en el ala de un colibrí.....El único autógrafo digno de un hombre es el que deja escrito con sus obras.....La palabra no es para encubrir la verdad, sino para decirla.....

miércoles, 10 de agosto de 2011

Crónica de un retorno a las raíces


Cuando apenas se vislumbraban los primeros rayos del Sol ya el auto andaba en movimiento, camino hacia las raíces. Habían quedado atrás 48 kilómetros desde la Ciudad del Gallo buscando la parte más central del país por todo el circuito norte.
Ante mi se levantaba la cordillera montañosa, esa misma cordillera que atesora tanta historia como lo fueron, las campaña llevada a cabo por Camilo, el Señor de la Vanguardia y un poco después la lucha contra los bandidos que pretendían quebrantar el triunfo revolucionario.
Un periplo por la vetusta vivienda me llevo a asegurar mi tesis de que el tiempo todo lo da, pero también todo lo quita y lo destruye, pero ese mismo tiempo no tuvo la misma suerte de destruir mis más preciados recuerdos de una infancia y una adolescencia que apegada a aquel estilo de vida me hizo feliz.
Allí mismo sentada en el espacioso portal que rodea la casa eché el pensamiento a volar. Allí anduve con las trenzas enredadas en las frondosas matas de rosas, allí corrí entre los lirios  y azucenas, y también eché manos a violetas y gardenias para robarles su olor.
Sentada en la casa de abuela y abuelo, donde nací y crecí, llegaron a mi alrededor los polluelos con sus recelosas madres, allí como en sueños escuché el trino del sinsonte, el mugido de las vacas en los cuartones y hasta el pájaro carpintero intentó llamar mi atención al cavar en un cocotero.
La tarde trascurrió entre matas de guayaba, ciruela, mangos, naranjas, mamoncillos y el exótico marañón.
Llegada la noche, con una luna por crecer, se encendieron las farolas, los taburetes se reclinaron en los horcones de la vivienda, para contar alguna que otra anécdota. Allí bajo la luz del candelabro llegaron mis bostezos, el ajetreo del día había sido intenso, el camino a la infancia y a la adolescencia había tocado a su fin, y dormí muy, pero muy abrazada al canto de los grillos y el clora de las ranas en el arroyo del frente.
Bien temprano, cuando todavía las gotas de rocío aun acariciaban los pastos ya estaba de regreso a la ciudad, atrás quedaba todo un idilio de recuerdos, quedaban los efímeros andares de una infancia feliz. Atrás quedaban las mismas montañas llenas de historia y que siempre me reciben con su azulado color, con sus palmas despeinadas al aire puro del campo y al Sol como queriendo adivinar cuándo volverá la posibilidad del rencuentro. Allí como en ningún otro sitio de este mundo vuelvo a vivir y siento como nadie la necesidad de continuar adelante por difícil que  sean o parezcan las circunstancias.

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